Cuba, el país atemporal.

28 04 2013
Taxi en Trinidad, Cuba

Taxi en Trinidad, Cuba

Nada más aterrizar en La Habana percibo que el tiempo, esa variable humana que nos provoca estrés en gran parte del planeta, es irrelevante. Deja de existir en ese mismo instante y en todos los sentidos, para bien y para mal. Las colas para la burocracia aduanera parecen congelarse a pesar de la temperatura y, posteriormente, ya saldrá el equipaje cuando lo haga. ¿Qué prisa hay?

Si el viajero tiene una imagen preconcebida del Caribe, y muy especialmente de su paisaje, será mejor que se desprenda de ella cuanto antes salvo que se afinque inmediatamente en algún resort característico de los Cayos de la costa Este pero vivirá una experiencia cautiva absolutamente alejada de la realidad del país. Por lo contrario, si decide alquilarse un “carro” entonces descubrirá el país por dentro, vivirá sus contradicciones, sus pros y sus contras y se empapará de caracter cubano hasta la médula. Hágalo sin pensárselo dos veces, solo se vive una vez y la experiencia merece la pena con creces. Sin embargo ir a nuestro aire por el país tiene un sobreprecio enorme con respecto al turismo de pulsera “todo incluído” de los complejos hoteleros de más de mil habitaciones, en ciertos casos, que nos puede hacer creer que estamos en uno de los países más caros del mundo. Guiñe los ojos cuanto quiera, el que avisa no es traidor.

Mi recorrido me llevó desde La Habana hasta Santiago de Cuba por la Costa Oeste y después de nuevo a la capital recorriendo la Costa Este cubriendo prácticamente todo el país en tres semanas; un programa apretado pero viable como así fue en la práctica. Antes de partir pensaba que toda Cuba estaría rodeada de aguas cristalinas en entornos paradisiacos y privilegiados, imagen por defecto de los folletos de los tour-operadores. Haberlos haylos pero son más la excepción que la regla aunque, cuando se encuentran, incluso superan las expectativas. Sin lugar a dudas el lugar más virgen, exhuberante e impactante se encuentra en el sureste del país, en la provincia de Guantánamo. Cristóbal Colón llega a Baracoa el martes 27 de noviembre de 1492 y, según rezan las crónicas de la época, se enamora del lugar. 520 años después sufrí el mismo embrujo. Instantáneamente teletransportado por la memoria, creo estar en Vietnam hasta que, Alejandro Hartmann, historiador de la ciudad y anfitrión apasionado del lugar, me despierta de mi estado contemplativo. Sin lugar a dudas, Baracoa y sus alrededores (destacando Bahía de Mata, Duaba y Yumurí) gozan de un entorno envidiable, el más impactante y recomendable de la isla con permiso de los Cayos.

Desde Viñales hasta Santiago de Cuba pasando por la inolvidable y entrañable Trinidad, la ciudad colonial más bonita y mejor conservada del país, de obligada visita (tampoco olvide visitar la Canchánchara y tomarse máximo dos si no quiere lamentarlo al día siguiente), y remontando la costa Este hasta Varadero uno no deja de pensar en La Habana. Quizás más que en cualquier otro sitio, posiblemente algo sicológico más que un hecho cierto, la humedad se pega a la piel a través de la ropa nada más empezar a deambular por sus calles. La mejor experiencia consiste simplemente en hacerse una lista de lo que uno quiere visitar y luego dejarse llevar al tun-tun, sin un orden prestablecido, huyendo de las recomendaciones programadas de las guías. Aquí, más que en cualquier otro sitio del mundo, el orden de factores, no… importa en absoluto. Sus calles rebosan de vida en un orden desordenado que no terminamos de asimilar pero que nos embriaga paso a paso. Jugar a perderse es una buena opción y los habaneros son mucho más amigables, eficientes y simpáticos que los navegadores GPS que, por cierto, están oficialmente prohibidos en Cuba. Deambule, deambule y deambule. Pasee al atardecer por el Malecón y descubra uno de los lugares más frecuentados por sus habitantes. Ejerza de turista sin complejos subiendo a un descapotable norteamericano de los años 50 en un sorprendente estado de conservación y déjese llevar lentamente por calles y rincones. Recuerde que La Habana vieja solo es una parte de La Habana, no se limite a ella, descubra el Vedado, Centro Habana, atraviese el Callejón de Hamel y cuanto se le ocurra pero, por encima de todo, vaya por la noche a “La bodeguita del medio”, por muy tópico que le parezca y por mucho que le cuesten los mojitos o el ron, y disfrute de la mejor y más espontánea música del país en un entorno singular e irrepetible.

Sería injusto, por otro lado, no hablar de Guamá, un complejo hotelero formado por pequeños islotes conectados por puentes de madera que hacen las delicias del viajero, al borde del Parque Nacional de la Ciénaga de Zapata, en la Laguna del Tesoro, famoso por sus cococrilos. Será un lugar diferente para pasar una o dos noches en unas cabañas situadas en un entorno idílico, un remanso de paz en medio de la naturaleza. Y un poco más hacia el Sur ¿cómo no ir hasta Bahía de Cochinos? Desde Playa Larga hasta Playa Girón en época de lluvias sembradas de cangrejos que mueren intentando cruzar la carretera, que acaba tintada de rojo, y conecta el monte con el mar. Imposible no atropellarlos a miles e imposible salir ilesos del intento puesto que sus pinzas acaban perforando los neumáticos más preparados. Al final de la travesía la visita al “ponchero”, especialista en arreglar neumáticos, está garantizada. Los turistas debemos estar preparados por pagar unos 10 CUC para salir de esa situación. Por cierto, dicho sea de paso, “cochinos” nada tiene que ver con los cerdos y menos pretende ser peyorativo con nadie por si se llega a pensar que el intento de invasión de Cuba en abril de 1961 por parte de EEUU a través de esta bahía guarda relación. El cochino es simplemente el nombre popular de un pez comestible conocido también como ballesta reina o “balistes vetula”.

Podría seguir hablando de Cienfuegos, de Camagüey, de Holguín (famosa por ser la productora de toda la cerveza cubana), de Moa (con sus reservas de niquel que todo lo tiñe), del Parque Nacional Alejandro de Humboldt, de Guardalavaca, de Cayo Coco, de Cayo Guillermo y de su famosísima Playa Pilar (considerada por los expertos como la mejor playa de todo el Caribe) cuya arena blanca es tan fina que al soltarla se escapa entre los dedos y el viento se la lleva sin tocar el suelo, de la archi-conocida Varadero (con su fantástica ‘Mansión Xanadú’ que contrasta con todos los monstruosos hospedajes de la zona) y un largo etcétera pero no lo haré porque me olvidaré de todos esos pueblecitos atravesados, de esos lugares sin nombre, de esas carreteras rotas a “huecos” sin señalización de ningún tipo, de las consignas y grandiosas frases del socialismo más reivindicativo propio de otra época que bordean demasiados kilómetros del camino para recordar a sus patriotas que siguen en una lucha inexistente de la cual saldrán victoriosos y de tantas y tantas otras cosas que deseo que el viajero descubra por si mismo…

De todas formas los cubanos son los que hacen que uno quiera Cuba y el falso socialismo que la rige lo que nos puede impulsivamente hacer que la odiemos. Gente maravillosa, dialogante, dispuesta a ayudar a todo el que se lo pida, paciente hasta la saciedad, resignada y hasta inocente respecto a su realidad ¿cómo no querer a los cubanos? ¿Cómo no pensar, por odiosa comparación, que seguimos siendo unos privilegiados en nuestro día a día, por muy mal que estemos en plena crisis? La gente ya muestra signos evidentes de hartazgo castrista, algo que algunos confiesan bajando la voz tras comprobar que no hay policía cerca. Lo cierto es que, aunque Raúl haya aflojado algo la soga, la población sigue, en buena parte, sobreviviendo día tras día. El salario medio estancado entre los 15 y los 30 CUC en el mejor de los casos (peso cubano convertible a no confundir con el CUP o peso cubano nacional, 25 veces más barato) no da para mucho. Puesto que la artificial paridad del CUC con respecto al dólar norteamericano es de 1:1 nos podemos hacer una idea de los malabares que deben hacer para vivir en esas condiciones sobre todo teniendo en cuenta que los precios en la calle son incluso superiores a los que tenemos en cualquier país del Sur de Europa. “¿Crisis?”, exclamaba un cubano al hablar de la actual situación de España, “nosotros os llevamos 54 años de ventaja y lo llamamos pobreza”. No le faltaba razón. ¿Cuál será el destino de la Cuba post-castrista? Solo se me ocurre un periodo de transición que se intente controlar pero no se le pueden poner puertas al campo indefinidamente. Quizás, siguiendo el principio de la Navaja de Ockham y muy a pesar de lo que algunos quieren, acabe siendo un estado libre asociado a EEUU, el siguiente Puerto Rico. Vivir para ver.

Ciertamente está la Cuba para el turista y la Cuba para el cubano. Es posible pagar 1 CUC donde ellos pagan 1 CUP pero también es cierto, por poner unos ejemplos, que el precio de la leche es prohibitivo para un cubano y el aceite de oliva mejor ni comentarlo: escaso, de muy baja calidad y a precio de Rioja. También es fácil toparse con esas tiendas en las que los cubanos compran productos básicos siempre y cuando sus cartillas de racionamiento se lo permitan y tengan dinero suficiente para pagar. Por si todo esto fuera poco, cuesta entender que los cubanos no puedan comprar ternera, a ningún precio, y solo puedan optar al pollo o al cerdo. Es complejo entender lo incomprensible y lo inimaginable pero la realidad supera la ficción.

Sabía antes de intentar escribir este artículo que sería uno de los peores que jamás he escrito porque no sabía ni cómo empezarlo ni como acabarlo. Intuía que iba a ser caótico pero en el fondo me alegro porque Cuba también lo es. Sería absurdo intentar estructurar un lugar que no se deja. Este país es una experiencia abrumadora, una tremenda mezcla de calor, sudor, humedad, música, cánticos, bailes, olores, sensaciones, indigencia, locura, incongruencias, contradicciones, barbaridades, injusticias, razas,… Una recomendación, sobre todo si piensa visitarlo, sería ver la fantástica película de animación “Chico y Rita”, de Fernando Trueba y Javier Mariscal que muestra magistralmente los encantos de La Habana y el sentir cubano.

Abandónese al país en el cual el tiempo se detuvo y no parece querer ponerse al día.

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Angkor: cuenta atrás para unas ruinas únicas en el mundo.

21 12 2010

Ta Prohm

La belleza de Angkor, ese mágico lugar cuna de leyendas de Oriente, no deja indiferente a nadie pero, a pesar de su esplendor, nunca lo tuvo fácil. Habitado desde el siglo I por pueblos pequeños su época dorada comienza en el año 802 hasta que en 1432 es abandonado a favor de la actual capital Phnom Penh. Con la llegada de los Khmer rojos en 1975, tanto los monasterios como las estatuas budistas, manuscritos y otros objetos de culto son destruídos a lo largo y ancho del país. Posteriormente, a partir de los años 80, este fantástico Patrimonio de La Humanidad sufre un peligro sin precedentes. La pobreza camboyana unida a la abundancia de armas, una autoridad militar en pleno crecimiento y una inseguridad generalizada fomentan una red internacional de tráfico focalizada en objetos de arte. Con la apertura política y económica del país en 1989 se empiezan a adoptar enérgicas medidas de protección pero esa liberalización también termina por incrementar el lucrativo tráfico ilegal de arte y la tala indiscriminada de árboles en Siem Reap. A pesar de las contundentes medidas adoptadas, vigilancia ininterrumpida de guardias armados incluida, no se consigue impedir los robos. Finalmente la respuesta gubernamental se decanta por desplazar un centenar de piezas de gran valor y relevancia al Museo Nacional de Phnom Penh donde siguen residiendo en la actualidad.

Gracias a los satélites de la NASA los investigadores descubrieron más de 70 nuevos templos, más de mil charcas artificiales y complejos sistemas de irrigación que siguen maravillando a expertos, neófitos y curiosos. El conjunto reveló ser tres veces más grande de lo que se había supuesto durante años. La enigmática caída de Angkor podría haberse debido, de acuerdo con los últimos estudios científicos llevados a cabo, a una sequía prolongada durante décadas puntualmente interrumpida por monzones entre los siglos XIV y XV. Angkor, una ciudad que siempre ha dependido vitalmente del agua, experimentó, de mediados a finales del siglo XIV, unas condiciones persistentemente secas que abarcaron décadas, seguidas por varios años de condiciones severamente húmedas, que causaron daños muy graves a las infraestructuras de la ciudad. Después, una sequía más breve pero más acentuada, a principios del siglo XV, pudo ser la gota que colmó el vaso, superando lo máximo que este complejo urbano podía resistir.

Hoy en día ya solo se puede admirar la ruina de las ruinas de Angkor pero no defrauda, sino todo lo contrario, estimula. Independientemente de nuestra edad, nos sentiremos irremediablemente Lara Croft o Indiana Jones durante nuestra visita. La simple evocación del nombre de Angkor despierta los sentidos. La imaginación se lanza a volar sobre una vegetación ávida de piedras que no respeta ni la majestuosidad ni el poder del complejo adormilado. Los árboles lo devoran y estrangulan todo inexorablemente como si de unos parásitos extraterrestres se tratara. El deterioro de una de las cumbres de la arquitectura mundial es más evidente que nunca a pesar de los esfuerzos de restauración y conservación. Estamos ante, posiblemente, el mayor desafío al que se ha enfrentado jamás Angkor desde su creación: dos millones de turistas anuales. Morir de éxito es el peligro más inminente pero si lo unimos a la humedad constante, al calor y a su impacto combinado puede que estemos asistiendo al principio del fin de una de las maravillas del mundo que nunca llegó a ser oficialmente. Sería poco afortunado calcular cuanto tiempo subsistirá esta ciudad flotante al paso del tiempo pero, si sientes la llamada, no la demores en tu calendario. Recuerda visitarlo al amanecer y al atardecer, con respeto; no seas cómplice de su deterioro. Llévate su magia a tu regreso pero que no se note que has estado en el paraíso perdido.





La Amazonia: allí donde la lluvia no alcanza el suelo.

26 06 2009

Árbol del bosque primario

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La Amazonia es un lugar tan extenso como los EEUU aunque no seamos conscientes de ello incluso inmersos en sus profundidades y su caprichoso clima es totalmente impredecible y singular. Las impresionantes inundaciones han azotado prácticamente toda la región en 2009, algo que ni los más ancianos del lugar recuerdan. A finales de la época de lluvias, desde finales de mayo hasta principios de junio, éstas parecen no querer despedirse definitivamente, en una extraña mezcla de añoranza y cabezonería.

El río Amazonas es inmenso se le mire por donde se le mire, ostentando el título de más caudaloso del planeta, con distancias entre orillas que, en algunas ubicaciones, superan los 50 kms y en su desembocadura alcanzan los 330 kms. Sus aguas turbias, similares a un enorme batido de chocolate, pueden ser letales si se ingieren, a diferencia de la de sus afluentes mucho más oscuras e inocuas.

Amazonia (fuente: wikipedia)

Amazonia (fuente: wikipedia)

Donde hay agua hay vida y en la Amazonia esta afirmación cobra más fuerza, si cabe, que en cualquier otro lugar. La vida, infinita, se manifiesta en todas partes con una diversidad y frondosidad que marca la retina de sus insignificantes visitantes: flora y fauna sin fin. Caimanes, perezosos, monos, anacondas, delfines, aves, insectos y tantos animales cuya existencia ni sospechamos se dan cita en este inabarcable territorio. El pulmón del planeta vive de día y vibra de noche en un fantástico equilibrio cuyo silencio solo es interrumpido por los sonidos propios de la selva.

Conocer este peculiar mundo comienza a ser una realidad cuando nos adentramos a pie por sus tierras abarrotadas de tupida vegetación que, en algunas ocasiones, es preciso fracturar a golpe de machete con el único fin de seguir avanzando. Caminar es una trepidante experiencia donde los sonidos, la vegetación, el agua y los animales se entremezclan con el sudor y el esfuerzo de aquellos que deciden recorrer sus sendas, engullendo a aquellos que se aventuran en su inmensidad.

La lluvia es una genuina experiencia en la selva tropical. La vegetación puede llegar a ser tan tupida que oiremos las gotas de agua golpear la arbolada sin mojarnos. Pasado un tiempo inusitadamente largo encontrarán el camino hasta el suelo y despertaremos de nuestra atónita e hipnótica espera. Es fascinante comprobar como los hechos más cotidianos adquieren otra dimensión en este macromundo autosuficiente.

Al salir de este amalgama, un recorrido en canoa nos dará una visión global del laberinto de ríos y afluentes que se entremezclan por todas partes en lo que genéricamente solemos denominar Amazonas. Este inmenso puzzle salpicado de vida nos concienciará inevitablemente de nuestro diminuto tamaño y de nuestra intrascendencia sobre todo si, durante nuestro deambular, el agua hace su aparición en forma de tromba tropical y le sucede un sol asfixiante que evapore instantáneamente nuestra ropa empapada.

La Amazonia es exultante hasta límites insospechados pero la grandeza de este impresionante lugar solo se manifestará a los amantes de la naturaleza virgen en su estado puro, a aquellos que no pongan límites a lo que la vida ofrece y a aquellos que quieran seguir aprendiendo, descubriendo y disfrutando. A todos los demás, el impacto puede afectarles hasta donde ni ellos mismos se atreven a imaginar. En cualquier caso, la indiferencia no tiene cabida en este paraíso terrestre.





Machu Picchu: el lugar imposible.

16 06 2009

La ciudad perdida

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Inmiscuirse hasta alcanzar la ciudad perdida es una sensación contradictoria e inolvidable, comparable quizás a ver el mar o la nieve por primera vez en la vida. Sabemos de su existencia, es más que conocida a través de libros, revistas, documentales y la ingente cantidad de fotos que pululan por doquier pero su visión in situ supera cualquier expectativa. De nada sirve prepararnos para el impacto ni pensar que no nos inmutaremos; lo que tiene que ser será.

Una encrespada y serpenteante senda no exenta de peldaños se abre a nuestra izquierda al poco de traspasar las puertas del parque natural que la protege y, tras sufrir su ascenso, aparecen ante nosotros el paisaje de la inmensidad, la gloria inca en todo su esplendor y el poder hipnótico de un lugar imposible.

Emergiendo de entre las montañas escarpadas, rodeada de vegetación y aislada del mundo se alza la mítica ciudad cuya vida subyacente parece persistir a pesar del tiempo transcurrido y de las fantásticas ruinas que indican lo contrario. Es inevitable contemplar boquiabierto el espectáculo inconmensurable, su perfecta ubicación y la maravillosa locura de quienes decidieron su emplazamiento y edificación. Los estudios más serios y objetivos han revelado que alrededor de mil quinientas personas convivieron en algún momento en esta ciudad de otro mundo. El terrible esfuerzo e inevitable dolor que tuvieron que experimentarse para lograr esta tangible irrealidad impactan las retinas y sentidos de cuantos nos infiltramos por sus entrañas. Una mezcla de envidia, respeto y temor nos producirá un escalofrío vertebral que apenas conseguiremos o desearemos disimular.

De alguna manera, no se puede dejar de tener la sensación de estar violando un lugar sagrado y oculto de tantas miradas durante siglos pero el visitante se embriagará de sensaciones hasta rendirse y sentarse en sus magníficas terrazas, contemplar la perfección, imaginar la cotidianidad de este recóndito lugar, desear regresar a ese pasado que apenas somos capaces de imaginar, recrearse con sus leyendas y admirar el conocimiento de quienes sabían leer cielos y estrellas con la única ayuda de la naturaleza.

Si en algún momento existieron Dioses no habrían podido elegir un lugar mejor para morar eternamente.








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